Este fin de semana hemos ido a Montserrat. Se trataba de una excursión organizada por La Salle que partía des de La Salle Horta hasta Montserrat. Uno no realiza una caminata de 50 kilómetros cada día por lo que tenía que ir bien equipado, preparado y mentalizado. Nunca antes había hecho una ruta así de larga, pero aún así me sentía más que capaz de superar este reto, teniendo en cuenta que me encanta el deporte y entreno 3 veces por semana.
El reto empieza antes de partir, aún tener toda la ropa preparada, lo realmente importante era que tenía que llevarme en la mochila, sólo quería lo justo y necesario para pasar la noche ya que no quería llevar peso de más y cargarlo en la espalda durante las 14 horas consecuentes. Decidí llevarme 1,5l de agua barritas de chocolate y dos bocatas grandes. Aún que no lo parezca si sumamos el peso de la ropa de repuesto que llevaba encima, sabía que la mochila se me haría pesada en cierto punto de la noche. Llega el momento de partir, lleva lloviendo desde la mañana, factor que ha hecho que algunos compañeros se retiren. Los demás decidimos continuar sin importar el tiempo, otra dificultad a superar. Durante las 3 horas de lluvia mezcladas con la gran cantidad de barro y niebla, tuve un pensamiento contínuo; madre mía dónde me he metido. Pero este pensamiento sólo aparecía en ciertos momentos, cuando no estaba distraído por mis compañeros u observando la naturaleza. A medida que pasaba el tiempo la lluvia iba cesando, la niebla desapareció pero el barro no , el barro, junto a los charcos y riadas, nos acompañaría durante todo el camino. Pasaban las horas y se hizo de noche, sólo nos iluminaban nuestras linternas y, de vez en cuando, las farolas de los pueblos por los que pasábamos. A medida que pasábamos por diferentes poblaciones cada vez me pesaba más la mochila y notaba molestias. Sobre las 2 de la noche tuve un bajón; estaba cansado, tenía las piernas cargadas, los pies mojados, hacía bastante frío y hacía unas 3 horas que no parábamos para descansar. En este punto de la noche no tenía claro que llegaría hasta Montserrat pero entonces, un amigo, me dejó un airpod y nos pusimos a escuchar música. No sabeis lo reconfortante que es escuchar música cuando estás quemado y a más cantando con tu amigo. Desde este punto se me hizo más llevadero hasta la siguiente parada a las 3 de la noche. Hicimos dos paradas prácticamente seguidas y en la última, un compañero me dio un sobre de glucosa para revivar las fuerzas. La compartí con un amigo que lo necesitaba igual o más que yo y a los dos nos sentó de maravilla. Estos ánimos se acabaron sobre las 7 de la mañana, empezábamos a ver Montserrat pero lo veíamos demasiado lejos como para llegar a la hora prevista. Hicimos la última parada antes de llegar al último pueblo, el cual se suponía que se encontraba a 1 hora. Los ánimos de todos fueron decayendo al ver que la hora ya había pasado y aun faltaba la mitad del camino, a todo esto, por tener prisa por llegar, nuestro “cap” (guía), se equivocó de camino y para colmó desapareció y nos dejó a 20 personas colgadas, nos tuvieron que recoger en coche y llevarnos el último kilómetro en coche.
Una vez llegado a Monistrol, el último pueblo, no tenía ninguna intención de subir andando hasta arriba, estaba agotado y con dolor de cabeza per fue entonces cuando mis compañeros me animaron para hacer el último tramo, el que suponía que era el más duro. Para mi sorpresa, fue el mejor tramo de todos, junto con dos amigos hicimos el tramo de hora y media corriendo y lo subimos en 50 minutos. Finalmente llegamos a las 11 arriba, una hora más tarde de lo esperado debido a diferentes problemas de camino.
Al acabar me di cuenta que todo es un factor psicológico, no importa lo cansado que estés, lo que te duela todo el cuerpo, siempre hay algo que te hará continuar ya sean los amigos, la música o incluso disfrutando de la soledad. Si te lo propones y te mentalizas puedes conseguir cualquier cosa y más, sólo es cosa de actitud.
